Brújula para el corazón

Amo a to,

Matarile-rile-rón.

¿Qué quieres usted?

“El hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete con el cumplimiento del sentido de su vida”, Viktor Frankl nos regala este maravilloso tesoro que basta con darle una lectura rápida para que mi mente atrape un par de preguntas al aire, Matarile-rile-rón.

¿Qué significa la autorrealización? Tengo una sospecha de la respuesta y lo digo así porque no creo en una receta para la vida sin embargo me gustaría comenzar diciendo lo que sí estoy seguro que no es, y tiene que ver con esta idea que nos han querido vender sobre lo que tienes que hacer para ser exitoso: una casa hermosa con un árbol en el jardín delantero, un auto de lujo, un perro ejemplar, un matrimonio feliz teniendo dos hijos, de preferencia el más grande que sea varoncito y la otra una linda princesita y para lograrlo tienes que estudiar ejemplarmente por lo menos 19 años en tu vida más los posgrados para que aprendas todo lo que necesites para ser una mujer o un hombre exitoso, no olvides que tus tres semanas de vacaciones al año deben ser viajes espectaculares, necesitas conocer los mejores restaurantes y correr el maratón de New York, no importa que no tengas tiempo para disfrutar y criar a tus hijos, ni mucho menos hablar de la relación en pareja pues el asenso en el trabajo o tu propio negocio no pueden esperar, te requieren constantemente y todo esto para tratar de llegar al horizonte que es inalcanzable y después a los 65 años ya retirado ahora sí puedas disfrutar de los frutos de tu esfuerzo.

Por fin tendrás tiempo para vivir cruzando los dedos para que las úlceras estomacales, o el sobrepeso, o las migrañas imparables, la diabetes o las pocas horas de sueño causadas por el estrés no hayan lacerado tu vulnerable salud. Si de algo estoy seguro es que la autorrealización de cada uno dista mucho de esto.

¿Qué te apasiona en la vida? Para mí esta pregunta me acerca más a lo que yo dibujo como autorrealización, siempre la hago en las primeras sesiones con mis consultantes y en mi experiencia las respuestas más comunes son: “Me apasiona mi familia, mis hijos, mi trabajo, mi profesión” o simplemente responden que no lo saben, el detalle con estas respuestas es que están vinculadas a un rol que tiene caducidad, por eso la angustia o depresión que genera cuando se vive el síndrome del nido vacío propuesto por Rose Oliver en los 70s, o la incertidumbre que genera la pérdida de un empleo, o el cubetazo de agua fría cuando te das cuenta que te has dedicado a algo que no te gusta o incluso detestas pero es lo que te mantiene en tu burbuja de privilegios estereotipados y no es que considero que los gustos y placeres en la vida sean malos sin embargo si estos pesan más en la balanza entonces creo que sería bueno pensar en calibrar la brújula de prioridades.

Cuando alguien habla de lo que le apasiona en verdad, el cuerpo es la primer evidencia, pues el volumen de voz sube, los ojos de la persona se abren más, los movimientos de sus manos son más expansivos o notorios, existen variaciones en el tono de voz que suele ser enérgica, en general existe mayor movimiento corporal, la expresión en el rostro proyecta una sensación placentera etcétera cuando hablas de tu verdadera pasión se nota es imposible ocultarla y no tiene nada que ver con lo que te gusta hacer, va mucho más allá y tiene que ver con aquella o aquellas actividades que podrías hacer por horas sin darte cuenta, que te dan energía con el hecho de pensar en que pronto las realizarás, que te inspiran, te alimentan de muchas formas y te motivan a seguir aprendiendo y pueden o no estar relacionadas a tu trabajo pues para pintar no es necesario tener una galería de arte, para bailar no necesitas hacerlo en el Teatro de la Scala en Milán, no tienes que ser botánico para cultivar y criar en tu propio jardín, no necesitas poseer la voz de soprano o tenor para cantar en la ducha o ir a clases de solfeo, porque tal vez este tipo de actividades ayuden a que se dibuje una sonrisa en tu rostro y sientas un corazón más satisfecho.

Es fácil olvidar nutrirse de las cosas que nos rodean como despertar temprano para ver el amanecer, o tomar un café mientras ves la lluvia caer, sentarte debajo de un árbol para disfrutar de su sombra, acostarse a contemplar el cielo estrellado, es tan fácil caer en el torbellino donde hay que trabajar y trabajar para ser exitoso, somos la generación que comienza a olvidar lo importante, lo esencial y basta con mirar nuestro planeta y lo que seguimos haciendo con él.

A veces es abrumador cuando no encontramos un camino que nos acerque más a la sensación de felicidad sin embargo cuando estés perdido sólo detente, pues perderse es totalmente necesario para repensar o volver al camino, para cuestionarte lo que creías como verdadero y a ti ¿qué te apasiona?

Máximo Zen

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