El cambio y la felicidad



A nadie nos gusta sentirnos tristes o cabizbajos. Algunos quizá han aprendido a lidiar mejor con estos sentimientos y a permitirse experimentarlos en vez de resistirlos, sin embargo, que sea algo que disfrutemos...Aún lo dudo... Lo cierto es que son justamente estos momentos de incomodidad, de tristeza, de frustración, de angustia, de "tocar fondo", los que nos llevan a impulsarnos para salir de nuevo a la superficie. Son esos momentos dolorosos los que nos hacen una invitación a la transformación, los que nos invitan a crecer y a reinventarnos.


Para cada quién hay un momento en particular para despertar, aunque el despertador suena para todos a cada momento, solamente que muchas veces estamos tan distraídos en el día a día que no somos capaces de escuchar o percibir las alarmas sonando. A veces el sonido es tenue, y conforme no vamos atendiendo se vuelve cada vez más intenso hasta que no nos queda otra que escucharlo. Pero escucharlo no garantiza que atenderemos. No garantiza que despertaremos. Despertar y vivir con mayor consciencia es una elección que se hace cuando las circunstancias se vuelven casi intolerables. Lo interesante, es que no es necesario llegar a a este punto. Cuando aprendemos a apagar el piloto automático y a vivir de forma más consciente, nos brindamos la oportunidad de estar alerta a las señales que nos da la vida y a tomar decisiones más pensadas y menos impulsivas.


Esta consciencia que nos brinda el despertar también conlleva con ella la responsabilidad. Esa capacidad que todos tenemos de hacernos cargo de nosotros mismos de distintas formas, desde hacernos cargo de satisfacer y procurar nuestras necesidades físicas, hasta las emocionales.


Cuando la felicidad no parece evidente en nuestras vidas vale la pena echarse un clavado al interior, porque ahí, debajo de todo lo que hemos estado haciendo de forma automática, se encuentra ella. La clave no está en las decisiones "grandes y esporádicas" sino en lo que hacemos en nuestra día a día.


Cuando somos capaces de detectar nuestros hábitos y patrones, nos volvemos capaces de transformarlos, de cambiarlos, de hacer las cosas diferentes. El cambio, aunque incómodo, encierra dentro de él la recompensa de la felicidad, del aprendizaje y del crecimiento. Las crisis tienen toda la capacidad de ser un trampolín para la transformación, y por si fuera poco... ¡Son inevitables! Tarde o temprano enfrentaremos alguna en nuestra vida, y la capacidad y rapidez para poder sortearla, radicará en la forma en la que podamos ver esa crisis. Si aprendemos a ver las crisis como oportunidades, nuestra perspectiva cambia por completo y sentimos incluso menos presión, menos carga y mucho más entusiasmo para salir adelante.


Algunas preguntas que puedas hacerte la próxima vez que enfrentes una crisis y que pueden ayudarte a cambiar tu perspectiva sobre las mismas y convertirlas en oportunidades son:


  • ¿Qué voy a aprender de esto?

  • ¿Quién seré cuando supere esta crisis?

  • ¿En quién voy a convertirme?

  • ¿De qué forma esta crisis contribuye a mi crecimiento?

  • ¿Cómo quiero contar esta historia una vez que todo haya pasado?


Una excelente herramienta que nos puede ayudar a navegar de forma más positiva por los procesos de cambio es revisar lo que nos decimos. Las palabras tienen un enorme poder en nuestra forma de percibir las cosas e incluso fungen como encantamientos. Cuando atravieses un proceso de cambio en el que te encuentres experimentando incomodidad, te invito a revisar qué es lo que te dices sobre eso que está pasando. Lo que te digas, dará énfasis a tus creencias e impactará en tu forma de vivir esta experiencia, impactará en tu forma de sentir. Algunas afirmaciones que pueden contribuir en tu proceso de cambio son:


  • Esto que esta sucediendo sólo me hace más fuerte.

  • Yo puedo con esto y más.

  • Este es solo un peldaño más en mi crecimiento y mi desarrollo.

  • Esta experiencia me aporta sabiduría.

  • Esto es lo que necesito para crecer.


Crecer duele. Quizá ahora no lo recordemos, pero cuando éramos niños, físicamente sentíamos dolor. Yo recuerdo muy bien cuando me dolía el cuerpo, o las rodillas y mi mamá me decía que seguramente era porque estaba creciendo. No sabemos el dolor por el que pasan las mariposas durante su transformación, pero con gran certeza me atrevo a asegurar que no es un proceso fácil.


Hoy te invito a ver y a vivir el proceso de cambio, como un proceso de crecimiento que aunque ahora quizás no disfrutes, más tarde te aportará gran satisfacción. Después de todo, lo único que tenemos seguro en esta vida, ¡es el cambio! Lo único certero, es la impermanencia de las cosas. Nada es estático y aprender a aceptar esto...Nos allana el camino.


Con amor,



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