El síndrome de "la buena persona"

"No soy lo que yo creo que soy. Tampoco soy lo que tú crees que soy.

Soy, lo que yo creo que tú crees que soy".

-Charles Cooley





Pocos son los afortunados que no han caído presa de este común síndrome. Poco se habla de él y sin embargo, es experimentado por muchísimas personas. El síndrome de "la buena persona" es un estado en el que volcamos completamente nuestra atención a los demás actuando de forma que les agrademos, con el fin de ser bien vistos y de que los demás tengan una opinión muy positiva de nosotros.


El síndrome de "la buena persona" no está diagnosticado clínicamente, sin embargo, sirve muy bien para describir a todas aquellas personas que en algún momento nos hemos puesto en segundo plano o que hemos dejado de lado nuestra autenticidad con tal de parecer "buenas" a los ojos de los demás, aún si eso implica pasar por encima de nuestra verdadera esencia y de nuestros verdaderos valores.


No es raro que caigamos presas de este síndrome. Desde que somos pequeños, se nos insiste en casa y en la escuela "que seamos buenos", que nos portemos "bien". Aprendemos desde niños que, ser "buenos" es algo deseable que hace felices, sobre todo a papá y a mamá o a cualquiera de nuestros cuidadores o de las personas que nos importan. Y sobre todo, aprendemos que a través de esta forma de ser obtenemos validación. aceptación y AMOR.


Pero, ¿qué quiere decir "ser buenos"?

Normalmente a los que nos referimos cuando expresamos esta frase es a que la persona se comporte de acuerdo a las normas sociales establecidas o a las fijadas por nuestro círculo de influencia y/o referencia. En el caso de los niños ser "buenos" significa: que estén tranquilos, que no griten, que no tiren cosas, que no peleen con otros niños, que compartan sus juguetes o sus cosas, que no se ensucien, que se coman todo lo que se les da, que no se quejen, que no lloren, que no se enojen, que hagan sus tareas o recojan sus cosas, etc.

Cuando hablamos de adultos ser "buenos" implica: que hagan todo lo que tienen que hacer rápido y de la forma más adecuada posible, que sean generosos, que sean colaborativos y cooperativos, que estén disponibles y dispuestos para lo que se les necesite, que sonrían, que estén alegres, de buen humor y buen ánimo, que no se enojen, que no se quejen... ¡Y la lista podría continuar!


Hemos aprendido que siguiendo las normas al pie de la letra conseguimos la aprobación, la aceptación, el reconocimiento y el cariño y aprecio de los demás. Todos los seres humanos necesitamos esto y tan hambrientos estamos a veces, que en nuestra búsqueda por satisfacer estas necesidades pasamos por encima de quienes somos realmente y de nuestros verdaderos deseos.


¿Cuáles son los síntomas del síndrome de la "la buena persona"?

-Busca cumplir al pie de la letra con lo que se espera de él o ella.

-Es un "agradador eterno".

-Le importa demasiado cómo la ven otras personas.

-Cambia su forma de ser dependiendo de las personas con las que se encuentra.

-Le cuesta mucho trabajo marcar límites.

-Siempre tiene tiempo para los demás (y muy poco para sí misma).

-Se muestra alegre con el mundo, y triste y molesto en su soledad.

-Le cuesta mucho decir "NO".

-Se entristece cuando la opinión de alguien sobre él o ella, es contraria al la imagen que quiere proyectar.

-Deja de hacer sus cosas para estar disponible para los demás.

-Llega a actuar en contra de sí mismo, de sus creencias y valores con tal de satisfacer al otro.


Causas:

Desde mi punto de vista, la razón principal para estar siempre pendientes de que nuestra imagen agrade a los demás es por un lado la necesidad que tenemos como seres humanos "de pertenencia", de sabernos parte del grupo, parte de algo, acompañados...Y el intenso temor de ser rechazadas o dejados de lado, de vernos completamente solos y de no saber lidiar con eso. Muchas veces existe una desconexión tan grande con nosotros mismos que llegamos a sentir que solos "no somos", que solos "nuestra existencia pierde sentido". Somos para otros, en lugar de ser para nosotros.


El tema aquí es que buscar siempre "ser la buena persona" se vuelve una tarea sin fin y sumamente agotadora, por un lado, porque implica no ser auténticos y tarde o temprano todos nos cansamos de actuar de una forma que realmente no somos; y por otro lado, se vuelve imposible complacer a todos, porque mientras hay un concepto generalizado sobre lo que es "ser bueno" cada quien tiene su propia idea y encajar en la de todo el mundo se vuelve una tarea titánica en donde solo podremos salir agotados. Y mientras se vuelve imposible satisfacer y cumplir las expectativas que el mundo pudiera tener sobre nosotros, es bastante viable poder satisfacer nuestras propias expectativas y sentirnos felices y cómodos con la persona que en realidad somos.


Remedios:

Si te has dado cuenta de que has caído presa de este síndrome, eso es ya un gran paso. Lo primero es ser capaces de reconocer que hemos estado demasiado pendientes a la opinión que otras personas tienen sobre nosotros y que les hemos otorgado, quizá sin darnos cuenta, el derecho y el poder de validarnos. Sin embargo, así como cedimos este poder en algún momento, también podemos retirarlo y tomarlo de regreso. El segundo paso es aceptarlo. Ser compasivos y comprensivos con nosotros y buscar entender qué es lo que nos ha llevado a actuar así. El tercer paso es tener la voluntad de cambiar. ¿Qué es lo que he sentido que me ha hecho falta y que he estado buscando fuera de mí en lugar de dentro de mí? Es importante reconocer que todo eso que buscamos afuera en realidad es un reflejo de una necesidad que ha sido insatisfecha desde adentro. ¿Cómo podemos sanarnos a nosotros mismos? Buscando darnos a nosotros mismos todo aquello que hemos estado buscando afuera. Si lo consideras necesario, acude a terapia profesional para poder trabajarlo a profundidad.


A veces pasamos tanto tiempo dando prioridad a "las voces" de los demás, que se vuelve complejo escuchar la propia. Pasar tiempo a solas para "reconocernos" y redescubrirnos puede ayudar a que volvamos a conectar con nosotros mismos: medita, escribe, sal a dar paseos. Prueba qué es aquello que te funciona para sentir que conectas contigo. Redefine tus valores y establece límites sanos contigo y para con los demás y hazlos respetar. Este tiempo para ti, en el que trabajes en auto-satisfacer tus necesidades, también te ayudará a fortalecer tu autoestima de modo que cuando no recibas aprobación de los demás, sigas conservando tu paz interior y no sientas que tu valía merma.


Nunca podemos saber con certeza qué es lo que piensan los demás de nosotros, pero sí podemos saber, qué es lo que nosotros estamos pensando de nosotros mismos a través de nuestras ideas sobre lo que creemos que los demás piensan de nosotros. Todo lo que yo creo que tú crees de mí, es en realidad algo que yo creo de mí.




Marissa

Life & Happiness Coach




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