La Práctica de la Aceptación de Uno Mismo



¿Y por qué la “práctica de la aceptación de sí mismo” y no simplemente “la aceptación de sí mismo”? Porque mientras la autoestima es algo que experimentamos, la aceptación es algo que hacemos. A nivel intelectual es fácil saber y comprender que es importante que me acepte, sin embargo, muchas veces, a nivel práctico esto no sucede. Comprender que es importante aceptarnos a nosotros mismos y entenderlo de forma intelectual no sirve de mucho si no somos capaces de llevarlo al plano práctico y ejecutarlo; por el contrario, saber que debemos aceptarnos y no hacerlo de modo concreto puede traernos mucho dolor y frustración.


La práctica de la aceptación de uno mismo es un pilar fundamental de la autoestima. Esta práctica incluye no sólo la aceptación de nuestro cuerpo físico, sino también la aceptación de nuestros pensamientos, de nuestras emociones, de nuestros anhelos, sueños, acciones, gustos, cualidades, áreas de oportunidad; de lo que nos gusta y sobre todo de lo que no nos gusta de nosotros mismos.


¿Y por qué si sabemos a nivel intelectual que es importante aceptarnos, no lo hacemos? Para mí la respuesta radica en que no sabemos cómo hacerlo. En este mundo se nos habla tanto de lo “correcto”, lo “incorrecto”, “lo bueno”, “lo malo”, “lo deseable”, “lo indeseable”, y tanta etiqueta extrapolada que resulta difícil aceptar que no nos ajustamos a los modelos que el mundo o nuestro grupo de referencia nos propone. Por si fuera poco, creo que mal entendemos el concepto de lo que quiere decir “aceptar” y tendemos a confundirlo con “agradar” con “gustar” o con “estar de acuerdo”. Muchas veces nos encontramos en el “no quiero aceptar” porque si acepto entonces eso quiere decir que “estoy de acuerdo con esto”. Tendemos a creer que si aceptamos quiénes somos y lo que somos entonces nos estamos cerrando a la posibilidad de mejorar o de cambiar.


El aceptar, no sólo en la práctica de aceptarse a uno mismo, sino de la aceptación en general, es decir, de aceptar lo que sentimos, lo que nos sucede; es simplemente reconocer como son las cosas, sin resistir, sin querer cambiar o modificar nada, simplemente notando y reconociendo que las cosas son como son y que a veces no son como yo quisiera que fueran; y estar bien con eso. Y aunque parece un concepto extremadamente simple y sencillo la práctica de la aceptación en general, la volvemos muy compleja porque nos aferramos a que las cosas sean como nosotros queremos que sean o como creemos que sería mejor que fueran. Así es que constantemente nos encontramos viviendo en negación , conflicto y rechazo.


Cuando no aceptamos, entonces solemos resistir y esa resistencia suele traducirse en negación o en sufrimiento. Esto nos impide ver las cosas realmente como son e incluso negar su existencia. Lo más interesante es que la aceptación es en realidad, un paso vital, en el proceso de cambio. Acepar no significa estar de acuerdo, simplemente significa admitir que las cosas son como son, sin resistencia. A partir de ahí, es entonces que podemos decidir hacer cambios, si así lo deseamos. Sin embargo, cuando negamos algo, anulamos por completo la posibilidad de modificarlo, porque no se puede cambiar algo que no se reconoce que se desea cambiar. Negar no cambia las cosas, no las desaparece, simplemente desvanece mi posibilidad de poder transformarlas. Y cuando no nos aceptamos a nosotros mismos, nos negamos la oportunidad de vivir al máximo de nuestro potencial.


El proceso de aceptación, más que reconocer y admitir implica el abrirnos a experimentar sensaciones y sentimientos que muchas veces nos cerramos a experimentar porque los consideramos dolorosos. Un ejemplo puede ser cuando alguien de confianza nos pregunta “¿Cómo estás?" Y aunque quizá nos estamos sintiendo tristes o enojados respondemos con un genérico: “Todo bien”. Esto es exactamente lo contrario de ACEPTAR.

En una versión en donde yo acepto lo que siento mi respuesta sonaría más bien como: “La verdad muy triste” o "Frustrado porque las cosas no están resultando como esperaba".


Esto no quiere decir que me guste como me siento, simplemente quiere decir que me permito experimentar eso que siento sin resistirlo, ya que eso me dará la pauta para buscar los recursos necesarios para modificar esta situación. Permitirnos experimentar las emociones no equivale a que vamos a quedarnos sumergidos en ellas, contrario a lo que muchos piensan. Cuando somos capaces de utilizar nuestra inteligencia emocional, somos capaces de comprender que todas nuestras emociones juegan un rol muy importante en nuestra vida, alertándonos de nuestras interpretaciones sobre el mundo. Lo importante es experimentar e indagar esas emociones para poder transitarlas apropiadamente.


Una forma muy clara en la que podemos darnos cuenta si estamos experimentando resistencia, no es tanto fijándonos en nuestras palabras, sino más bien poniendo atención a nuestro cuerpo. El cuerpo también se expresa y cuando hay tensión en mi postura, en los hombros, en la espalda... es una clarísima señal de que estoy resistiendo. Cuando acepto, cuando me permito experimentar y sentir mis emociones, mi cuerpo se relaja adoptando posturas más sueltas. La aceptación de lo que sentimos es en realidad una práctica curativa.


Y esta resistencia que muchas veces ponemos, tiene mucho que ver con lo que nos han enseñado acerca de la experimentación de nuestras emociones. Queremos sentirnos felices la mayor parte del tiempo y solemos querer evitar los sentimientos de tristeza, como si sentirse triste fuera algo malo. Cuando en realidad cada emoción tiene un mensaje muy importante que darnos. Cuando hago lo posible por evadir mi emoción y pasar a otra lo más pronto posible, cuando NO la acepto y no me permito experimentarla, en realidad me niego la oportunidad de sanar y el proceso y la experimentación de esta emoción se vuelve mucho más largo que cuando la acepto y me doy permiso de vivirla.


La aceptación no es resignación, sino todo lo contrario es tener el valor suficiente para poder iniciar un proceso de cambio.


Cuando se trata de aceptarnos a nosotros mismos, podemos llegar a ser muy duros. Una estrategia que a mí me ha ayudado mucho y que he compartido con las personas con la que he trabajo estos temas es que se imaginen que están ante un niño. Como adultos solemos juzgarnos de forma muy severa porque hemos creado muchas expectativas alrededor de nosotros y nos recriminamos cuando no vivimos de acuerdo a ese estándar. Sin embargo, con los niños solemos ser más dóciles, más comprensivos. Si hay algo que no te gusta de ti y que te encuentras negando, resistiendo o rechazando, si hay algo que te reclamas o por lo que te culpas te invito a que te veas a ti mismo como si fueras un niño, ¿qué te dirías? ¿Cómo lo manejarías? Y este es un nivel muy profundo de aceptación porque implica ser amigos de nosotros mismos. El vernos desde esta perspectiva nos ayuda a ser comprensivos con nosotros mismos y a entender que actuamos bajo un contexto y esto nos permite adoptar una postura más compasiva con nosotros mismos.



La aceptación de lo que es, es la condición previa al cambio y la negación de lo que es me deja pegado a ello.


Para comenzar a aceptarnos a nosotros mismos:


1) Escucha a tu cuerpo: nota tu postura, nota si hay tensión en tus hombros o espalda o si hay alguna sensación incómoda en tu pecho, estómago o cualquier otra parte de tu cuerpo.

2) Observa sin resistir: no te niegues a mirar; no podemos cambiar lo que no somos capaces de ver.

3) Respira profundamente: hasta que sientas que la tensión va disminuyendo.

4) Observa sin juicio: ni bueno, ni malo, lo que es, es.

5) Integra: eso que ves, por el momento al menos, forma parte de ti y te ha llevado hasta donde estás. Ha cumplido con una función, apréciala.


¿Cómo saber si estoy aceptando?


Cuando resistimos, solemos experimentar sufrimiento y tensión. Cuando aceptamos, experimentamos calma.


Comienza notando tu cuerpo y sus sensaciones, realiza los pasos anteriores; sigue notando tu cuerpo y percibe como las sensaciones que experimentabas, con la práctica de la aceptación, se transforman. Y por supuesto, ¡prepárate para vivir una vida más plena abrazando lo que es!

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