La relación más importante de todas


Confieso que durante mucho, muchísimo tiempo, enfoqué gran parte de mi energía en sostener “muy buenas” relaciones con los demás. Vivía deseando siempre ser la hija perfecta, la pareja perfecta, la colaboradora que siempre daba lo mejor de sí y lo más que podía de sí; la amiga de todo mundo, la que a todo mundo le cae bien, la que siempre estaba ahí para todos, la que no falla... ¡Y la lista sigue! Ha sido realmente hasta hace poco que me he dado cuenta de que la única relación que no he cultivado, es la relación más importante de todas…La relación conmigo misma.


Hay por ahí un dicho que dice que “solos llegamos a este mundo y solos nos iremos”. Creo que durante el camino de llegada o de partida podremos contar con el acompañamiento de alguien más y eso me hizo estar en desacuerdo con esta frase por mucho tiempo. Sin embargo, ahora ha adquirido un nuevo significado para mí. Uno más enfocado a entender que puedo estar rodeada de personas y sentirme sola, o bien, puedo estar en casa sin ninguna compañía y sentirme serena, tranquila y acompañada.


Puedo escapar de todo el mundo, sin embargo, no puedo escapar de mí misma. Podré nublar mi mente un rato, creer que escapo de mí mientras escroleo por Facebook, Instagram o Pinterest; mientras veo un programa en la tele; mientras doy vueltas por el centro comercial y me distraigo viendo los escaparates; mientras me ahogo con trabajo…Sin embargo, no dejo de estar conmigo misma y tarde o temprano mi ser me lo recuerda.


Como seres humanos, aún no sé por qué, estamos tan acostumbrados a “buscar afuera” aquello que sentimos que nos hace falta. Siento que me hace falta compañía, la busco en amigos, en una pareja, en los hijos, ¡y a veces hasta en un perro! Siento que me hace falta seguridad, la busco en un título, en cuerpo atlético, en un auto, en ropa, en una cuenta de banco. Siento que me hace falta felicidad y la busco en un sinfín de cosas materiales. Hoy, aquí y ahora, ¿qué crees tú que te hace falta? ¿En dónde lo estás buscando?


Me he dado cuenta de que todo lo que he “perseguido” en esta vida tenía un valor detrás que antes no podía ver. En cada cosa que anhelaba, siempre había algo más. Aquello que quería, no lo quería “per se” sino por cómo iba a hacerme sentir.


Creo que, si estuviera “condenada” a pasar mi vida al lado de alguien, buscaría la forma de que nuestra relación fuera lo más divertida y enriquecedora posible. Buscaría pasarla bien, sentirme cómoda, apapachada, amada, escuchada, apoyada y estaría dispuesta a que la otra persona se sintiera de la misma forma.


Eso es justo lo que pasa con la relación con uno mismo. Esa relación, diría yo, es la única que no puedes evitar. A donde vayas…¡Siempre estarás tú! ¡Siempre estarás contigo! Durante casi toda mi vida mi enfoque estuvo en estar ahí para los demás y puedo decir con tristeza que fueron muy pocas o casi nulas las veces que estuve ahí para mí. Busqué afuera esa compañía, ese consuelo, ese apapacho, ese amor, ese apoyo, esa felicidad que yo me pude haber dado a mi misma. Sólo que, en ese entonces, no sabía que dentro de mi estaba todo eso que, además, yo creía necesitar. No estaba consciente de que “nada me hacía falta” porque todo estaba ya dentro de mi. Solo estaba tan desconectada de mí misma y tan ajena a este conocimiento, que no podía notarlo.


Para mí la espiritualidad tiene todo que ver con eso. La espiritualidad es ese puente que conecta al ser físico (este que soy yo en este cuerpo, en esta Tierra), con el ser espiritual, ese que habita en mi corazón y que es mi verdadera esencia.


¿Cómo sería mi vida si pudiera mantenerme conectado conmigo mismo? ¿Cómo sería si pudiera ser mi mejor amigo, mi aliado, mi mejor compañero? ¿Cómo sería si en lugar de vivir en guerra conmigo, viviera en amor, viviera en conexión? Si en lugar de estar buscando afuera…Me diera cuenta de que TODO ya está adentro…


Porque no importa cuánta gente pueda estar, si mi relación conmigo no es de armonía, de paz, de amor, nunca voy a ser capaz de poder sentir la compañía de los demás. Si yo soy lo único que tengo y que siempre tendré, ¿por qué no cultivar esa relación conmigo misma? ¡Ser mi persona favorita! Que no haya un lugar en el mundo en el que me sienta más cómoda, más acogida y más amada que mi propia piel, mi propio corazón y mi propia alma. Si actuara de esta forma…¡Cuánto drama podría ahorrarme! No estaría buscando complacer a nadie solo para sentirme aceptada. O no estaría buscando ser alguien que no soy solo para sentir que pertenezco. Porque el mejor lugar para mí, es conmigo misma.


Ya que, me guste o no, estaré conmigo en este recorrido por la vida, estoy segura de que vale la pena diseñar y crear la mejor relación posible conmigo y sé que eso hará mi camino más placentero, más significativo, más llevadero y más enriquecedor.


Las relaciones se cultivan y se cuidan día con día. Es una labor constante. ¿Cómo te gustaría que fuera tu relación contigo mismo? Si tu ser espiritual fuera otra persona, ¿cómo te gustaría relacionarte con ella? ¿Qué estás dispuesto a hacer para que sea así?


Estoy segura de que si respondes estas preguntas, habrás dado el primer paso en la construcción de una relación más armoniosa y amorosa contigo mismo y que tu caminar por la Tierra será mucho más pleno.


En The Self Makeover seguiremos brindándote herramientas para que cultives la espiritualidad y el equilibrio en tu vida.


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