La responsabilidad de uno mismo




¿Quién es responsable de la forma en la que me siento?

¿Quién es responsable de la forma en la que organizo mi tiempo?

¿Quién es responsable de la consecución de mis deseos?

¿Quién es responsable de la satisfacción de mis necesides?

¿Quién es responsable de la forma en la que me comporto?

¿Quién es responsable de mis actitudes?

¿Quién es responsable de mi relación con los demás?

¿Quién es responsable de mi felicidad?


Si respondiste YO a las preguntas anteriores, mi siguiente pregunta sería: ¿y por qué si sabemos que cada quien es responsable de esto, a veces vivimos como si los demás fueran los responsables y no uno mismo?


A nivel intelectual solemos entender que hay cierta responsabilidad que nosotros tenemos con respecto a nuestra forma de vivir, sin embargo, a nivel práctico muchas veces no lo vivimos.


La responsabilidad de uno mismo es sin duda un pilar fundamental de nuestro autoestima ya que nos permite hacer uso de nuestras competencias y recursos al máximo de nuestras capacidades, delegándonos a nosotros mismos todo el poder de conducir nuestra vida en la dirección y forma en la que consideremos más apropiado y conveniente para nosotros.


Y antes de entrar en materia, quiero preguntarte si tú crees que nuestra vida ya está escrita o si mas bien crees que cada uno la va escribiendo día con día a través de las decisiones que va tomando.


Antes de que yo empezara mi trabajo personal hace ya varios años, creía que mi vida ya estaba escrita y que todas las decisiones que yo tomara estaban encaminadas a cumplir con ese destino; que pasara lo que pasara, eso era “lo que a mí me tocaba vivir”.


A través de todo el trabajo personal que empecé a hacer, no sólo en terapia sino también en mis procesos de coaching, me di cuenta de que en realidad soy yo la que momento a momento, decisión tras decisión construye su destino.


Confieso que de momento entré en pánico porque me di cuenta de que me resultaba muy cómodo pensar que había un papel para mí, en la película de mi vida, en donde yo sólo seguía un guión. Era mucho más fácil quejarme y ser víctima de mis circunstancias, y encontrar culpables para todo eso que me pasaba y que me hacía infeliz, que tomar el timón y decidir qué quería hacer con mi vida y cómo quería vivirla. Es por eso que este pilar, para mí, es uno de los más reveladores y empoderadores porque me ayudan a centrarme en mí y a dejar de esperar que las cosas sucedan. Porque cuando no ejerzo la responsabilidad de mí mismo y de vida, en realidad me vuelvo impotente; me vuelvo presa de mis circunstancias.


En el ejercicio de la responsabilidad de mi misma, no espero que las cosas sucedan sino que más bien yo hago que sucedan. Y si bien no siempre tenemos el control de todo, creo que en general, en cada cosa que hacemos o deseamos hay una parte de la que somos responsables y que podemos decidir ver o no ver, asumir o no asumir. Ejercer nuestra responsabilidad o no ejercerla. Esperar a que las cosas cambien o crear esos cambios por nosotros mismos.


Así que este pilar del autoestima, me cayó como balde de agua fría cuando lo comencé a trabajar con más consciencia. Porque yo efectivamente quería que muchas cosas a mi alrededor cambiaran y no me daba cuenta de que, para que eso sucediera, yo tenía que hacerme responsable de mí y hacer lo que me corresponde.


Vamos a ver en diez puntos lo que significa ser responsable de uno mismo.


Ser responsable de mi mismo significa que:


1. Soy responsable de mis pensamientos y creencias. Nadie me hace pensar nada. Los demás hacen y yo genero interpretaciones y pensamientos respecto a eso, de acuerdo a mis experiencias, mi historia y mis creencias. Estaremos rodeados de estímulos que generen ciertos pensamientos, sí, y es mi responsabilidad cuestionarlos, indagarlos y transformarlos a modo de formar interpretaciones más constructivas, si así lo deseo, sobre lo que me sucede y lo que me rodea.

2. Soy responsable de la forma en la que me siento. No tenemos control absoluto sobre todo lo que nos sucede, sin embargo, sí podemos tener control sobre lo que hacemos y cómo reaccionamos a eso.

3. Yo soy responsable de mis decisiones. Normalmente, nadie me obliga a hacer nada, yo decido todo el tiempo y es mi responsabilidad hacerme más consciente de las decisiones que estoy tomando si no estoy satisfecho con los resultados que estoy obteniendo.

4. Yo soy responsable de mis acciones. Difícilmente alguien nos “hace hacer cosas”. Somos nosotros los que decidimos hacer. Nadie hace que le gritemos o que le hablemos feo. Yo soy responsable de mis reacciones y de las respuestas que genero. Yo soy responsable de lo que hago y de las intenciones detrás de mis acciones.

5. Yo soy responsable de que mis deseos se cumplan. Nadie tiene por qué leerme la mente. Ni mi pareja, ni mis papás, ni mi mejor amigo o amiga, ni mi colaborador, ni nadie. Si yo quiero algo. necesito expresarlo, necesito pedirlo. O me lo doy yo mismo o si lo requiero de alguien más, lo comunico. Y aunque esto no garantiza que yo voy a conseguir lo que deseo, mi parte de responsabilidad, que es comunicarlo, la asumí.

6. Yo soy responsable de la calidad de mis relaciones. Yo soy responsable de mi actitud y mi conducta con otras personas: mi pareja, mis hijos, mis socios, mis amigos, mis colegas de trabajo. Soy responsable de la forma en la que hablo y de la forma en la que escucho a los demás. Soy responsable de la forma en la que me comunico, de la intención que acompaña a mis palabras. Soy responsable de las promesas que mantengo o que incumplo. Y también soy responsable de tolerar y soportar relaciones tóxicas. Y si no sé cómo manejar la situación, soy responsable de pedir ayuda.

7. Yo soy responsable del uso que le doy a mi tiempo. Nadie me hace perderlo o gastarlo, soy yo quien decide el uso que le da y cómo lo administro.

8. Yo soy responsable de mi calidad de vida. No las circunstancias, no la situación mundial o de mi país o región. No los demás. Si hay algo que no me gusta en la forma en la que vivo, es a mí a quien le toca indagar qué es, cómo quiero vivir y tomar las acciones que me acerquen ahí.

9. Yo soy responsable de mi felicidad personal. Nadie tiene por qué hacerme feliz. Si yo deseo ser feliz es mi responsabilidad trabajar en ello. Nadie me debe el cumplimiento de mis sueños y mis anhelos. Y desear por si sólo, puede que no sea suficiente. Mi responsabilidad es tomar acciones que eventualmente me lleven a la consecución de mis metas sin esperar a que suceda un milagro o a que alguien venga y me ayude. ¿Qué estoy dispuesto a hacer para conseguir aquello que tanto anhelo? No es responsabilidad de nadie hacerme feliz, sino mía. Esperamos mucho de los demás y eso es un reflejo de que hay algo que nosotros no nos estamos dando a nosotros mismos.

10. Yo soy responsable de mi cuerpo, de mi bienestar mental, espiritual y emocional. Nadie tiene por qué cuidarme, a menos que realmente esté incapacitado para hacerlo. Cuidarme, procurarme, valorarme y amarme es algo que me toca primero a mí. No es algo que empieza fuera de mí, sino algo que nace en mí y se extiende hace los demás.


La responsabilidad de uno mismo se expresa mediante una orientación activa hacia la vida, una orientación en donde yo tomo las riendas y me vuelvo constructor activo de mi destino. En donde yo soy participante y no un espectador. Yo escribo el guión y no soy simplemente un interpretador.


Y quiero terminar con unas frases que menciona Nathaniel Branden, en su libro, "Los seis pilares de la autoestima", que dice: “Nadie va a venir”. Nos venden la idea de que alguien llegará...a completarnos, a hacernos felices, a comprendernos, a darnos lo que deseamos... Pero vive pensando que “Nadie va a venir”. Nadie va a venir a salvarme, nadie va a venir a enderezar mi vida por mí, nadie va a venir a resolver mis problemas, ni a cumplir mis sueños, ni a hacerme feliz, ni a hacerme sentir mejor. Lo que yo no haga por mí, nadie más lo hará. ¿Y cómo empiezo a ejercer mi responsabilidad después de años de no haberlo hecho?


1. Nota qué cosas estás delegando a los demás y reconoce la parte de responsabilidad que tienes tú en ello y comienza a ejercerla.

2. Utiliza un lenguaje responsable. Procura hablar en primera persona. “Yo creo”, “yo pienso”, “a mí me pasa”… Siempre habla en singular y sobre ti.

3. Toma responsabilidad de tus sentimientos: cambia frases como “Ellos me hicieron llorar” por “Ellos hicieron... y yo lloré”. “Los días nublados me ponen triste” por “Yo me pongo triste cuando los días están nublados”. En la primera frase dependo de las circunstancias fuera de mí para sentirme de una determinada manera, en la segunda, soy yo la que está decidiendo cómo sentirse y por lo tanto, la que puede decidir sentirse diferente.

4. ¡Participa! Actúa, no esperes a que las cosas sucedan. ¡Haz que sucedan! ¿Qué puedes hacer tú que te acerque a eso que quieres?


Así que la invitación es a ser un 1% más responsables de nosotros mismos de lo que ya somos en este momento y notar qué cambia a nuestro alrededor. Y cada día ejercer mínimo un 1% de más de responsabilidad en la construcción de nuestras vidas. Recuerda..."Nadie va a venir" y lo que tú no hagas por ti, nadie más lo hará.

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